La era de lo saludable o la época en que nos toca comer

Por Analhi Aguirre

Indiscutiblemente, estamos en la era de lo saludable. Parece que antes la gente no se alimentaba bien o simplemente no era consciente de lo que comía. Ahora: ¿realmente es cierta esta sentencia? ¿Cuánta gente vivía más de 90 años consumiendo comida nada buena para nuestro organismo?

Lo cierto es que hoy en día tenemos más información que hace décadas, de hecho, cada día avanza más y más el acceso a ese conocimiento, que antes, era casi imposible. Por supuesto, los contextos tecnológicos son el primer soporte, misión que antes cumplía la televisión. Pero el problema va más allá y se instala en el tipo de información que existe sobre los alimentos. Vamos a hacer las compras para la semana y repentinamente nos llega a la mente todo lo que nos enteramos en las redes sociales, anuncios callejeros, televisión, madre, vecina de enfrente, amigos y amigas. ¿Qué decisión tomar? Ahora resulta que la gran mayoría de los productos trae cáncer o enfermedades crónicas como el colesterol, diabetes o la preocupante y cada vez más frecuente obesidad. Además, hay alimentos que se mantienen en una delgada cuerda floja: no se sabe si son buenos o malos o, al menos, la información siempre es confusa y/o contradictoria. ¿Un ejemplo? El café, una bebida éxito en todo el mundo y en casi cualquier parte del mundo, siempre ceñida a la culpa: nos hará bien, mal, es adictivo, sólo 2 tazas al día… así, como una historia sin fin.

¿Qué hacer? Al fin de cuentas, todos queremos vivir más tiempo y de la mejor manera. Y sí, caemos en fórmulas hechas: los excesos son malos. Y por eso, hay que tener cuidado con tanto químico, explotación industrial, consumo y, sobre todo, un lugar común bien peligroso: las ofertas alimenticias o, por el contrario, lo carísimo, que no asegura nada de nada. Desafortunadamente, la información, muchas veces es como los fuegos artificiales: ficticia. Entonces, volver a las bases, comer frutas, verduras, menos carne, hidratos de carbono, mate, café y esas cosas que nos gustan tanto y que no hacen tan mal, es una buena medida para lograr un buen balance en la rarísima y confusa época que nos toca comer.

18 de octubre, Día mundial de la protección de la naturaleza

Por Andrea Abrego

El 16 de marzo de 1972, Juan Domingo Perón pronunció un discurso para alertar al mundo sobre el peligro de destruir lo nos rodea por el simple hecho de satisfacer nuestras comodidades. Hacía hincapié en la importancia de crear conciencia en las personas para frenar las consecuencias de nuestros actos. Gracias a este discurso se estableció el 18 de octubre como el día mundial de la protección de la naturaleza, con el propósito de insistir en la reflexión sobre la importancia de la protección del medio ambiente, flora, fauna y la necesidad de detener la destrucción  que cada día se infringe.

Cada vez se unen más países para celebrar este día, y  sólo doce de ellos son mega diversos, es decir, poseen el 70% de la diversidad de animales y plantas de todo el mundo. México ocupa el 5° lugar de esta lista.

A pesar de todo, incluso hoy en día, muchos no le dan importancia al tema o peor aún, no creen que exista un problema climático o ambiental. Por lo tanto, echemos una rápida ojeada a algunos informes científicos. Para empezar, no sólo existe un estudio que declare el cambio climático como algo real, sino que son varios  y vistos de distintas perspectivas. Centros de investigación como el Met Office de Inglaterra, la NOAA (Administración Nacional Atmosférica y Oceánica) de Estados Unidos, la Academia Nacional de Ciencias del mismo país, la NASA GISS o la IPCS (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) concluyen categóricamente que existe un aumento de temperatura desde los últimos 50 años. Si bien es cierto que el planeta ha atravesado por varios cambios climáticos, sin embargo ninguno de ellos había sido causado por las acciones de los humanos y con tal rapidez.

Pero de igual modo, también son muchos los que se preocupan y actúan para solucionarlo, científicos e investigadores, organizaciones ambientalistas y comunidades enteras. Todos tenemos la capacidad de contribuir para mejorar nuestro entorno, ya sea evitar el consumo de plásticos, unicel o alimentos industrializados para no generar tanta basura, bajar el consumo de productos derivados de animales, no malgastar los recursos naturales, ayudar en la reforestación o en las organizaciones que protegen animales, comprar productos locales y orgánicos o cultivarlos nosotros mismos. En fin, existen tantas soluciones que sólo tenemos que poner manos a la obra.

Octubre y sus líderes de paz

Por Maylida Armas

El mes de octubre nos habla de compasión, de paz a través de la vida y obra de cuatro personalidades que dejaron un legado amoroso, luego de su paso por la tierra.

Gandhi, San Francisco de Asís, Martin Luther King y Madre Teresa de  Calcuta: India, Italia, Estados Unidos y Albania. Tres continentes con una  antorcha para la humanidad que nunca se apagará.

Pero,  ¿Qué tuvieron en común estas personalidades? ¿Qué los hizo ser recordados como grandes almas? Repasemos brevemente la vida y obra de cada uno:

El 2 de octubre fue nombrado Día Internacional de la no Violencia, por conmemorarse el nacimiento  (1869) de Mohandas Karamchand Gandhi, mejor conocido como Mahatma Gandhi, título que le diera el famoso poeta y filósofo oriundo de Calcuta, Rabindratath Tagore.  Gandhi desde muy joven  tomó el rumbo de no hacer daño a ningún ser viviente, y procurar una vida pura basada principalmente en el respeto hacia los demás. Ha sido llamado el apóstol de la no violencia, ya que ejerció un activismo pacífico por más de 30 años para lograr la justicia para su gente en distintas áreas. Hombre de costumbres muy modestas, demostró que en humildad y compasión una persona se puede convertir en gigante.

El 4 de octubre es conocido como Día Internacional de Los Animales, en homenaje a San Francisco de Asís, quien muere un 03 de octubre de 1226.  Fue nombrado Patrono de los Animales y Ecologistas, por su compasión hacia sus “hermanos menores” como llamaba  los animales. Nacido en una familia italiana con bienes de fortuna, hizo como Gandhi, votos de pobreza y vivió en forma modesta y humilde sirviendo cada día a sus semejantes con amorosidad y justicia.

El 16 de octubre de 1964, se entrega a Martin Luther King, el premio Nobel de la Paz. Su propósito de vida fue reivindicar los derechos civiles de la raza negra en Estados Unidos. La inspiración para su revolución pacífica la obtuvo de Gandhi. Promovió la justicia, igualdad y dignidad para la raza oprimida a través de la paz. Sus grandes pilares fueron por un lado, el legado de paz de Mahatma Gandhi y por otro,  sus propias convicciones religiosas, ya que era pastor baptista.

El  17 de octubre de 1979, se otorga el premio Nobel de la Paz a Agnes Gonxha Bojaxhiu, conocida como Madre Teresa de Calcuta, mujer que destacó por su generosidad, abnegación y entrega a los “más pobres de los pobres”. Su obra es ampliamente conocida. Desde muy niña sintió la vocación religiosa, la cual asumió formalmente desde los 12 años. A los 18 ya se encontraba prestando servicio social en la India. El pilar de su accionar en la vida, fue su religión y querer llevar el mensaje divino de amor, misericordia y compasión a los más necesitados.

Todos estos personajes reconocidos a nivel mundial como seres excepcionales, tuvieron algunas cosas en común independientemente de su motivación pues  el fin era uno solo: lograr la justicia a través de la paz. Y eso solo podía ser percibido colocándose en el lugar del afligido, poniéndose de su lado, sintiendo su dolor.

Por ello afirmamos que el factor común en la vida de estos hombres insignes, fue el amor, el desprendimiento del ego, el corazón lleno de compasión pero sobre todo, el deseo y la inspiración para hacer el cambio. Todos demostraron que la  violencia y la intolerancia no son necesarias para ganar una causa.

Por todo esto, en este importante mes donde se conmemora la vida de estos seres humanos, nos fortalecemos en ellos para llevar nuestro mensaje de paz, a través del proyecto ecovegano, basado en los mismos principios que rigieron sus vidas.

 

 

 

Día de los Animales y San Francisco de Asís

Por María Luisa Quintero

Mi mamá sin ser muy devota a la formación católica, nos inscribió a mi hermana y a mí a colegios católicos, por conveniencia para ella, así que nuestra formación primaria estuvo en manos de hermanas franciscanas y de cierta manera nuestro desarrollo formativo fue junto a San Francisco. Nuestra primaria estuvo impregnada de  cantos y oraciones a este santo de origen italiano.

Sin ser yo una persona afecta a las religiones, sí puedo decir que San Francisco marcó mi vida. Cuando lo nombraron patrono de los animales me alegró, pues desde mi punto de vista, no existe en todo el santoral nadie mejor que él para ocupar este lugar.

Se dice de San Francisco que era un gran ecologista y protector de los animales. Para él todo lo que coexistía en su entorno era su hermano: hermano Sol, hermana Luna, hermano lobo, hermana agua.

También se dice que cuando él se dirigía a ellos, los animales lo escuchaban y lo comprendían, incluso lo obedecían. En Greccio Italia, existió un lobo que asolaba a los pobladores, acabando con el ganado, gallinas y cualquier tipo de animales de granja, incluso atacaba a los habitantes de la comunidad. San Francisco se acercó al animal enfurecido y le pidió que parara. Y ante el asombro de la gente el lobo obedeció.

Para San Francisco todos éramos hijos de Dios, sin importar la especie. Todas las criaturas eran valiosas, desde el elefante, el humano hasta la más pequeña de las hormigas. Creía firmemente que cada criatura tenía una conexión, un enlace directo de relación con Dios y que romper esos lazos era una enorme falta.

San Francisco murió a los 44 años el 4 de octubre, por eso se nombró esta fecha el Día Internacional de los Animales y la Ecología. Ahora 900 años después, aquí estamos recordando a este gran hombre y sus enseñanzas. Esperemos poder impregnarnos de sus ideales, para llevar su mensaje Paz.

Hoy en día Ecovegana busca esa armonía entre animales, plantas, elementos y por supuesto, los seres humanos. Creemos, como San Francisco, que éste sería el camino a un mundo sin violencia, a un mundo feliz y de amor para todas las criaturas que habitamos en él.

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Por lo pronto en mis oraciones estaré pidiendo a San Francisco, recordando como lo hacía en mi infancia, para que siempre cuide y proteja a todos los animales. Y que además, nos eche una manita a los humanos para proyectar esas buenas intenciones que a él lo hicieron un gran ser humano y hoy en día, el santo patrono de los animales.

 

 

Lunes sin carne o días de la semana con más vegetales y granos

Por Analhi Aguirre

La iniciativa “Lunes sin carne” comenzó por un pedido de Estados Unidos a su población durante la Primera Guerra Mundial. Necesitaban apoyo para su ejército y solicitaron dejaran de comer carne el primer día de la semana. Más de medio siglo después, Sid Lerner actualizó la campaña como una medida de prevención debido a las enfermedades causadas por el exceso de carne.

Es bueno informarse sobre acontecimientos globales que nos marcan desde un punto de vista mundial, pero como se dice popularmente: hay que empezar en casa. Somos parte de movimientos que parecen lejanos o que se hacen efectivos en otras partes del planeta y pareciera que nuestra cocina no es parte de ellos. Sin embargo, sí lo es y mucho. Amnistía Internacional dijo alguna vez: “Mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”. Sin embargo, es cuando suelen surgir excusas, aunque parezca paradójico, para no cuidar nuestra salud y la del planeta: nos olvidamos, afirmamos que la carne es irremplazable, que se necesita demasiada creatividad para cocinar otra cosa…Pero sabemos que cada uno de estos conflictos son solucionables con memoria, información y muchas ganas de resguardar nuestro medio ambiente, que demás está decirlo, es una forma de protegernos. Comer menos carne reduce: el efecto invernadero, el consumo de grasa, el uso del agua, la contaminación por el estiércol, por nombrar sólo algunos beneficios.

Lo más importante aquí es poner énfasis, en vez de en lo que no hacemos -no comer un alimento al que estamos acostumbrados- fijarnos en lo positivo. Descubrir la enorme variedad de vegetales y legumbres, sus formas de cocinarlos, saborearlos, además de compartir esta sabiduría culinaria con familia y amigos, llena de tanto placer que pronto hará que logremos también nuestro martes sin carne, miércoles sin carne, jueves sin carne…

La empatía es para todos los seres sintientes

Por Analhi Aguirre

La palabra empatía viene del griego y significa emocionado/a. Se refiere principalmente a la capacidad de identificarse con los sentimientos de otro ser. Ponerse en el lugar de los demás es una acción que tiene que ver con compartir la alegría o el dolor, un vínculo creado por la compasión, además del respeto.

Hay actividades que muchas veces pasan desapercibidas, parecen no merecer una reflexión y no son tenidas en cuenta. La pesca es una de ellas. Es impensable el placer de apropiarse de animales en libertad en cualquier medio de la naturaleza. Los ríos, mares, lagos o lagunas están llenos de vida de todo tipo, y estaría un poco de más decirlo, si no fuera por la cantidad de gente que pesca mientras experimenta un enorme orgullo, entretenimiento y hasta regodeo al ver cómo un pez cae en la trampa mortal de un anzuelo. Ni hablar de la cantidad de peces capturados por una red o pulpos, cangrejos, etc. Pareciera que esta clase de animales acuáticos no sienten nada o, lo que es peor, sienten, pero no importa. Según el biólogo, Michael Fine los peces emiten voces de dolor, terror y agresión que, si son apresados y luego devueltos, tienen menos resistencia y regresan más débiles para enfrentar su medio ambiente.

Y lo mismo sucede con los acuarios en las casas o tiendas. ¿Qué sentido tiene esta inútil y errónea idea de posesión? Siempre me sorprendo de que los libros para niños estén plagados de peceras. ¿Para qué enseñarles a conservar recipientes que no logran otra cosa que apagar la independencia animal? ¿Acaso se trata de una empatía inversa? ¿O es una catarsis de prejuicios, miedos y otras cuestiones del inconsciente?

Como sea, divertirse, pasar el tiempo y/o satisfacerse con la muerte de los animales se aleja absolutamente de una convivencia pacífica en el planeta. Tal vez, la supervivencia sea una gran explicación, pero, creo, que a esta altura de la civilización ya estamos comprendiendo, sintiendo otro tipo de empatía que tiene que ver con sentirnos, justamente así, como decían los griegos, emocionados, conmovidos, felices con el bienestar de los seres sintientes que nos rodean.

Matar o no matar, ese es el dilema

Por Inés M. Saavedra

No hay ética en el cazador, es decir, no hay moralidad en la naturaleza. El león no es bueno o malo por comer a la hiena. Simplemente es. El mosquito no se enfrenta a dilemas de justicia social o culpa por picar a un ser humano, así como el conejo no se plantea si debería ser herbívoro o no. Simplemente es.

Los seres humanos habitamos una piel muy compleja. Somos depredadores reflexivos.  Necesitamos comer para vivir, pensamos en la supervivencia desde lo más primitivo de nuestro ser, comemos, depredamos y nos planteamos cuestionamientos éticos y morales. No es tan fácil. Industrializamos los ciclos de producción, empaquetamos la comida. Cambiamos la caza, la recolección y la agricultura por los supermercados. Compramos alimentos cuadrados  y redondos, de geometrías perfectas que nos permiten olvidar que ese líquido se extrajo de las ubres de una vaca o que esas hojuelas de maíz vienen de una mazorca. Hacemos de las gallinas nuggets perfectos o de los cerdos bellas rebanadas de jamón. Molemos a las vacas, a los pollos y al brócoli por igual y comemos.

Existen muchas teorías acerca de lo que está bien y mal, se dice que los animales humanos no son cazadores carnívoros, que nos faltan garras, colmillos o picos cuando se nos compara con las águilas o los lobos. Otros celebran por encima de todo la proteína animal, como la causa que logró la evolución de los cerebros humanos. Antropólogos, biólogos, médicos, agrónomos, todos se debaten qué debe y qué no debe comer el ser humano.

El dilema se vuelve un problema de salud, ético, ambiental, moral. El debate no termina, intervienen botánicos, arqueólogos, sociólogos, nutriólogos… todos con una opinión sobre qué comer. Lo que es importante resaltar es que el veganismo no se ahoga en esas discusiones, porque el veganismo entiende solo una cosa: la vida vale.

Muchos afirman que el ser humano es omnívoro, es decir, que su organismo es capaz de digerir alimentos vegetales y animales, sin ser un animal cazador o carnívoro, su organismo puede procesar estos alimentos. Más allá de la capacidad de digerir tal o cual tipo de proteína. El veganismo no ahonda en la capacidad digestiva o enzimática del organismo, si no, en la idea de que la vida de otras especies animales es en sí misma valiosa. Las granjas industriales han suplantado la idea del cazador que se alimenta de un animal en libertad, por cientos de animales que viven en condiciones deplorables. Y así, como se han dejado atrás prácticas de supervivencia que hoy en día son suplantadas por la tecnología (encender el fuego con cerillos o encendedores, refugiarnos en casas construidas con elevadores, comer del supermercado o bien, protegernos de enfermedades con vacunas), el veganismo elige una forma de vida que deja atrás prácticas de supervivencia que hoy en día pueden suplantarse por una dieta basada en vegetales que cumpla con todas las características alimentarias que requiere el cuerpo.

Los animales (humanos y no humanos) sufren, tienen miedo, hambre, sueño, quieren seguir su instinto y sobrevivir. El veganismo busca ser compasivo y amoroso, respetuoso. Para muchas personas esas palabras ya no suenan a nada, se han usado tanto que se nos olvida su significado. Una vaca es capaz de sentir felicidad, hambre, sueño, miedo. Emociones y sensaciones. La compasión radica en entender el origen de los alimentos. Elegir cazar o comer un producto animal es también cultural, no es menos compasivo alguien que aprendió a comer carne a aquel que no lo hace si no se tiene conocimiento de la industria, pero una vez que se conocen las prácticas crueles de la crianza animal, es una elección de tipo moral. Habrá quienes les importe y habrá a quienes no. El veganismo, como principio amoroso, plantea también la idea de no juzgar.

La naturaleza permite al hombre ser vegano. Hay proteínas, vitaminas, minerales en el reino vegetal, mineral y fungi. No es necesario sacrificar la salud ni el buen comer. No están enfrentados el veganismo con una buena cena, no hay conflicto entre la salud y la felicidad de otros seres vivos. Se puede ser feliz, fuerte, saludable y vegano, pero hay que hacerlo bien. Hace falta reaprender a comer, poner atención a la dieta, hacerlo con consciencia de causa y con decisiones inteligentes en la mesa. Si hay un vegano desnutrido es porque no se está informando bien. Eso implica un esfuerzo y un trabajo, pero es un trabajo que para los veganos vale la pena.

El veganismo tiene algunos efectos colaterales: beneficios ambientales como la reducción de la huella de carbono o huella hídrica,  y a la salud si se hace con conciencia. Además, amplía la gama de alimentos que se consumen, si se hace con creatividad e ingenio el menú del día lejos de reducirse se verá ampliado y nutrido de nuevos ingredientes. Pero ninguno de estos factores es en realidad la causa u origen de la idea compasiva del veganismo: la no explotación de la vida animal. El veganismo es un estilo de vida compasivo que ama y respeta la vida de otros seres vivos del reino animal y rechaza las prácticas atroces de crianza y matanza de la industria cárnica. A los ojos de algunos, esta dieta puede parecer aburrida, la realidad es que estos elementos se transforman en exquisitos platillos que alimentan el cuerpo sin alimentar el sufrimiento de ningún otro animal.

Se trata de comer y no matar, de comer y no explotar a otros. Se trata de compartir, de humanizarnos, de entender que toda la vida es valiosa. Todos queremos comer, todos necesitamos comer, a todos nos da hambre y sueño. Se trata de respetar, compartir, sensibilizar e inspirar a otros. Se trata de no ser cómplice en los crímenes que se ejecutan día a día en contra de los animales no humanos. De pensar antes de comer, pesar en la vida, en el dolor, el sufrimiento y la muerte, para así comer y vivir sin lastimar a nadie.