La amabilidad es siempre posible

Porque finalmente, si somos amables con los animales, los seres que conviven día a día en nuestro planeta, probablemente todos nuestros entornos se vuelvan amor. El respeto por el mundo animal es siempre posible. Ponlo en práctica y verás. No es necesario que cambies drásticamente tu manera de vivir. Hablamos de una propuesta lenta, consciente y, más que nada, feliz.

Gracias Mercy for Animals por compartir esta imagen.

La alimentación es un acto de amor

Por Maylida Armas

La  alimentación  es un acto voluntario y consciente con el cual calmamos el hambre y satisfacemos una necesidad vital de nuestro cuerpo. La calidad del alimento que usemos hará la diferencia entre salud y enfermedad.

Debemos estar conscientes que no solo nos nutren las vitaminas y minerales que contengan nuestros alimentos, nos nutren igualmente otros elementos que normalmente no vemos en nuestro plato, como son el agua y el aire puro,  las condiciones en que se produjo el alimento,  las personas que intervinieron para que llegara a tu casa y las manos que lo prepararon para  llevarlo a tu mesa.

Somos lo que comemos, lo que respiramos, lo que hacemos, lo que bebemos, lo que sentimos, lo que decimos y nuestro cuerpo responderá en función de estas variables. Conectar con el cerebro del corazón nos ayudará a sintonizar  más armoniosamente con un estilo de vida natural, incluso dentro de las ciudades y nos inspirará a dar pasos que constituyan un aporte al cuidado de nuestro entorno y al conocimiento de la increíble interdependencia que tenemos con todo y con todos.

Una cucharada de alimento llevada a nuestra boca lleva consigo, la energía de quien lo preparó, el dolor o la alegría de quienes participaron en su procesamiento, la gratitud de quien lo consume. Por ello, es vital observar lo que la naturaleza nos ofrece y encaminarse a buscar los alimentos que tengan menor procesamiento. Eso se logra consumiendo productos locales, ya que en ellos podemos generalmente conocer cómo han sido cultivados o elaborados.

Ya en nuestra casa,  en nuestra familia, será muy fácil poner en cada  plato una dosis de amor, cuidar que esté bien balanceado, bien servido, que tenga muchos colores. Tener una actitud equilibrada durante la preparación, sentir agradecimiento de ese alimento que sale de tus manos, generar un clima armonioso, hacer que cocinar sea una especie de ritual para nutrir la familia con amor.

Y luego, al sentarnos a la mesa, disfrutar los sabores, masticar muchas veces, disminuir el consumo de líquidos para que nuestro estómago trabaje  mejor, tener conciencia de que cada bocado nos está nutriendo. El amor es el factor fundamental para mantenernos sanos y felices.

Paz y veganismo, mi historia

Por Maylida Armas

Estaba buscando un camino, hacer algo que me hiciera vibrar y dar a mi vida color. Un día mi hija me puso en contacto con Gabriela, conversamos largo rato vía telefónica y ella me contó sobre el proyecto Ecovegana. Sinceramente me sorprendí de que existiera un proyecto donde se conjugaba tanto amor hacia todos los seres vivientes y el planeta, se prestara tanta atención a la salud y nutrición sin tener un interés lucrativo, se hicieran alianzas con otras instituciones de apoyo a la fauna silvestre y doméstica, se defendiera con tanta fuerza los productores locales, se pusiera tanto amor en hacer los deliciosos platos de la gastronomía mexicana sin ingredientes de origen animal…Desde ese momento, sin conocer la sede y sin conocer a fondo el proyecto, supe que participaría en él, que quería formar parte de ese grupo de personas que estaban haciendo la diferencia dando su aporte y su mensaje.

No puedo describir la emoción que sentí cuando Gaby me mandó unos dibujos a mano alzada donde a modo de mapa mental me mostraba su concepto de Ecovegana. Yo venía practicando o había practicado en algún momento de mi vida, casi sin darme cuenta, muchas cosas de las que estaban plasmadas en esos dibujos pero no estaban unificadas en mí ni fortalecidas en algunas áreas; estaban aisladas entre sí en mi vida, sin una dirección. Entender la razón de ser de Ecovegana las encaminó y pude ver en un solo conjunto sus relaciones y la maravillosa emoción de saber que estamos  produciendo un cambio.

Ha sido sin duda la mejor experiencia que he tenido en este año 2016. El tiempo que estuve viviendo en Zihuatanejo, visitando a diario La Casita Ecovegana, compartiendo con su personal y con el público, creando, imaginando y coordinando actividades, me llenaron la vida de alegría y plenitud, y crearon lazos sólidos con la gente que allí conocí. Hoy participo desde Ciudad de México y aunque no tengo la vivencia diaria de sentir  todo el amor que se respira en ese refugio amoroso de Zihuatanejo, me siento muy orgullosa de ser parte del proyecto, porque es como llevar un estandarte de paz y amor por el mundo, es llevar un mensaje que cambia no solo la vida de quien lo recibe, sino la de todos y la del medio ambiente, es abrir una ventana a un futuro promisor para las próximas generaciones, es incrementar la compasión y respeto en el mundo, es darle importancia a la emoción y no a lo material, es  compartir con generosidad un conocimiento y una convicción, ¡es SERVIR!

Con Ecovegana entendí que al fin de cuentas, “da un mayor servicio a la humanidad quien más vidas cambia”.

@ecovegana
@ecovegana

El valor del compartir

Por Maylida Armas

Compartir es el acto de participación recíproca en algo, ya sea material o inmaterial. Lleva implícito el valor de dar y de recibir. Con frecuencia relacionamos el compartir con cosas materiales, sin embargo el verdadero compartir abarca un sinfín de situaciones. En realidad la vida en sociedad o fuera de ella es un constante compartir.  Podemos compartir sonrisas, emociones, actividades, pensamientos, momentos, experiencias, sufrimientos, espacio, oficina, hogar, entre muchísimas otras cosas.

El compartir tiene implícitas algunas características:

  • Implica dar y recibir en forma recíproca donde esa reciprocidad no necesariamente tiene que darse en el mismo momento ni manifestarse en la misma forma. No quiere decir tampoco que damos para recibir, es un sentimiento más profundo donde está inmerso el amor.

Mejora las relaciones humanas y del entorno:

  • Compartir también significa participar, utilizar, experimentar o disfrutar, sin que implique propiedad, sino bien común.  La meta del correcto compartir es caminar para mejorar las relaciones humanas y con nuestro entorno.

Lleva implícito el concepto de cooperación:

  • Cooperar es trabajar juntos. Es dar con generosidad y también recibir con gratitud. No existe en la naturaleza un ser viviente que sea completamente independiente. Vivimos en total interdependencia con nuestro entorno,  nuestro planeta y todos los seres vivos que lo habitan. Ya sea en casa o en las relaciones con el exterior, el principio de cooperación va de la mano con el principio de compartir. El compartir de la responsabilidad, tanto como el compartir de los recursos materiales y la correcta cooperación responden, ambas, al principio rector y a la cualidad de la vida.

Está desvinculado del concepto de propiedad

  • El compartir auténtico va más allá del concepto de propiedad. La tierra nos ofrece sus recursos para el bienestar de toda la humanidad, pero no lo entendemos precisamente por el  sentido de propiedad que arraigamos desde pequeños. Nos enseñan a “compartir nuestros juguetes” fortaleciendo el sentido de propiedad y del apego. Nuestras “posesiones” terrenales son temporales, sólo están bajo nuestra custodia y muchas veces creemos que podemos hacer con ellas lo que queramos sin considerar que nuestras acciones pueden afectar al entorno. Cuando compartimos de corazón aunque sea un pedazo de pan, no estamos pensando que ese pan es nuestro, ni que estamos haciendo un acto de caridad. En ese momento, las manos se abren impulsadas por un sentimiento de generosidad y de unión.

Se basa en el respeto

Pocas veces asociamos el compartir con el respeto porque para la mayoría compartir es un acto totalmente voluntario. Comparto mi comida, mi carro, mi opinión, pero  el compartir abarca nuestro diario vivir  y no siempre es consciente y voluntario. Por ejemplo, compartimos una playa, una escuela, una vía, un parque….. Y es en esos casos donde más se visualiza el respeto como parte del compartir, en el reconocimiento de la singularidad de cada uno y de sus derechos.  Cada ser vivo es único y tiene una contribución única para su entorno. Y volvemos aquí al importante concepto de interdependencia: todos estamos conectados, nuestro bienestar no sólo es un tema personal, sino que también involucra al que está al lado, a nuestra comunidad y a las personas que nos vamos encontrando en la vida. Todos tienen un papel que cumplir y todos tienen una razón para estar aquí. Cada uno de nosotros debe actuar considerando su responsabilidad para con el mundo y su hábitat.

Compartimos un planeta 

El principio del compartir nace, no de la condescendencia o de la imposición sino del reconocimiento de que trabajando con otros por el bien común beneficiamos a la humanidad como un todo y por lo tanto a nosotros mismos. Compartimos el planeta sin distingos de nacionalidad, costumbres, razas, religiones, creencias o culturas. Somos parte de él al igual que las plantas, montañas, ríos, mares, atmósfera y por supuesto sus seres vivos.  No somos dueños de la tierra ni de los árboles ni los animales y nuestros actos indiscriminados alteran el equilibrio perfecto natural y se nos  devuelven en forma de boomerang afectando  nuestro  futuro como raza humana.

Compartir, cooperar y respetar son las claves para una convivencia armoniosa con nosotros mismos y con nuestro entorno.  La energía sigue al pensamiento. Cada uno de nosotros puede comenzar el trabajo de reorientar la actitud egoísta e irresponsable de la humanidad eliminando estas actitudes en nuestra propia vida. De la misma forma en que un hombre pensando claramente y con buena voluntad puede transformar el clima mental de su entorno, así, miles de hombres y mujeres de buena voluntad, pensando en las ideas de justicia, compartir, correctas relaciones humanas, respeto pueden lograr el efecto acumulativo de irradiar luz y amor alrededor del planeta.

 

Querida Cooperativa

@inéssaavedra
@inéssaavedra

Por Inés Saavedra

Hace varios años que trabajo en la Cooperativa Ecovegana. Me encanta colaborar porque he conocido muchas maneras de comer, pensar y trabajar, además de gente inspiradora y generosa con la que comparto el trabajo día a día.

He aprendido conceptos nuevos, generado contenidos que me emocionan. Amo la idea de volver a La Casita Ecovegana o visitar el EcoTianguis para comer cosas deliciosas. Siempre ha sido una gran experiencia de amor y sabor. Mi perspectiva de la comida ha cambiado, cada vez soy más consciente de lo que como, pero sobre todo, me he vuelto mucho más consciente de todos los seres vivos con los que comparto este planeta. Agradezco mucho la vida de cada ser viviente y, aunque suene hippie, me emociona pensar que puedo proteger otras vidas más frágiles que la mía propia.

Me conmueven las plantas y los animales, me emociona el equipo que trabaja en esta cooperativa, me inspira mucho la dedicación de Gabriela, amo el chorizo de coco que vende Ceci y las donas que se hornean en La Casita. En fin, sin más y con todo el amor, quiero agradecer las enseñanzas y experiencias que me ha dado ser parte de la Coop, las tardes de trabajo en Playa Viva, La Casita, el Ecotianguis, en un café o en casa de Gaby para aprender y entender del veganismo y la cercanía con la que vivimos.

Siempre que la vida se acelera entre el trabajo, las prisas de la ciudad y los supermercados. Justo cuando pienso que el veganismo es difícil, poco práctico o muy radical socialmente hablando, me acuerdo de la Cooperativa Ecovegana, su paciencia, dedicación y compromiso son un recordatorio en medio del caos de que somos uno con el universo, que somos seres sintientes y podemos juntos disfrutar de este planeta, entendiendo que no somos superiores a otros seres que también habitan en él.

Gracias Cooperativa Ecovegana.

 

@Ecovegana
@Ecovegana
@inéssaavedra
@inéssaavedra

¿Hay que dejar de utilizar lana?

Por Analhi Aguirre

La lana es uno de los materiales más usados en el mundo. Muchas veces y como pasa con otro tipo de productos, poca gente piensa cómo llega a nosotros.
No es una novedad que las ovejas son maltratadas cuando las esquilan. Un pequeño cálculo es más que ilustrativo: un esquilador tarda más o menos 3 minutos en pelar a uno solo de estos animales. La industria es un hecho voraz, cruel y en ocasiones desconocido. Entonces, la opción es muy simple o más bien de fábrica (literalmente, hablando y por lo repetitiva): no usar nada que contenga lana. Organizaciones famosas de defensa animal aconsejan usar poliéster, cuando conocemos los pésimos efectos para el medio ambiente, pues es a base de petróleo.
Ahora, teniendo en cuenta el cuidado de las ovejas, ¿qué pasa si no se esquilan? Hay casos conocidos de algunas que se perdieron y no fueron esquiladas por años poniendo en riesgo sus vidas. Según expertos, si no se les corta el pelo anualmente, no pueden comer ni moverse bien y lo que es peor, se llenan de moscas por el calor, cuestión que llega a ser mortal por causa de las infecciones.
Si el dinero no fuese lo más importante para la mayoría del mundo y existiese una situación ideal, las ovejas se esquilarían una vez por año no sólo por su bienestar, sino también por el nuestro, porque podríamos vestirnos con lana sin la industria de por medio. Se trataría de un intercambio feliz de convivencia, beneficioso para ambos. Para quienes estamos en contra de la producción desmedida, a costa de la vida animal, esta convivencia podría ser un hecho, que ojalá esté sucediendo en algún lado del planeta. Esperamos prontas noticias.

La tolerancia es un camino hacia la paz

Por Maylida Armas

“Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio.” Mahatma Gandhi

Cada 16 de Noviembre se celebra el Día Mundial de la Tolerancia. Normalmente no damos a dicha palabra la importancia que realmente tiene como camino a la paz.

Cuando hablamos de tolerancia, estamos implícitamente hablando de respeto y aceptación a las diferencias con nosotros mismos, bien sea en el ámbito de opinión, religión, raza, cultura, política, género, alimentación, entre mil otras formas en que los seres humanos nos diferenciamos unos de otros.

La tolerancia es, pues, el respeto y consideración hacia la diferencia, como una aceptación al pluralismo. Se le considera una virtud pues tiende a evitar los conflictos. En su forma más simple consiste en reconocer a los demás el derecho a que se respete su persona e identidad. No se considera un fin, sino un medio. Mediante la tolerancia discernimos y podemos descartar la violencia. Sin tolerancia, no es posible la paz.

No podemos  verla como una palabra más del diccionario, o como la simple aceptación de los demás. Es mucho más complejo porque  implica la obligación de actuar bajo su bandera y debe practicarse, enseñarse y defenderse. El rechazo a la violencia es imprescindible para la coexistencia pacífica en las sociedades, es un principio moral sustantivo.  No somos realmente tolerantes si solo aceptamos las diferencias que nos atañen directamente, sino cuando vemos a todos por el cristal de la pluralidad, participación y sobre todo de los derechos de los seres vivos.

Bajo el nombre de tolerancia pueden ocultarse interpretaciones negativas. Cuando somos indiferentes o decidimos aceptar todo, caemos en un error porque la auténtica tolerancia no es indiferencia, apatía o indolencia, ni implica hacer a un lado las propias convicciones y valores, ya que en su sentido positivo, se fundamenta en el respeto y reconocimiento del otro ser en su propia dignidad.

De allí que la tolerancia abarca absolutamente todo, no solamente nuestra visión o convivencia con otros seres humanos, sino que también con los animales y el medio ambiente. Su defensa se basa en un principio de ética, tolerancia y respeto hacia la vida en su amplio sentido, promoviendo de esta forma el camino hacia la paz.