El abrazo de las plantas

Por Analhi Aguirre

Aunque parezca una ilusión, las plantas nos agradecen con un abrazo cada vez que nos ocupamos de ellas. Hay días que no llueve. Y no llueve. Y no llueve. Nos acercamos a la tierra para verle su color seco y sentir esas estrías sin agua. Allí están ellas: nuestra compañía verde, apacible, receptiva, diciéndonos que nos necesitan. Entonces, el milagro ocurre: escuchamos su pedido y le damos esas gotas vitales que dependen de nuestra buena y atenta voluntad. Es en ese momento cuando sentimos esas “gracias” hechas un grito de bienestar. Quizás, es por eso, que Arthur Rimbaud escribió que un día, después del diluvio, una flor le dijo su nombre. Porque sí, las plantas, también nos hablan y nos corresponden. ¿A poco no?

5 beneficios de tener plantas en casa

Fueron los romanos quienes comenzaron a llevar las plantas de los jardines al interior de las casas. Durante algunas décadas, la costumbre de tener plantas en el hogar fue únicamente con fines decorativos, sin embargo, en los últimos años, los huertos en casa ya no sólo crecen plantas que se ven bonitas, sino también aquellas con usos culinarios y medicinales. Además de los beneficios que se obtiene al incorporar éstas a tu dieta, tanto como ingredientes en tus platillos o en infusiones, el simple hecho de tenerlas en casa es muy bueno para ti. Por ejemplo:

1. Son auxiliares para la respiración

Los humanos inhalan oxígeno y exhalan dióxido de carbono; las plantas, durante la fotosíntesis, hacen lo contrario, por lo que tener personas y plantas en una misma habitación es un gran complemento cuando se trata de gases. Todos los miembros del reino vegetal tienen la característica de incrementar los niveles de oxígeno en el aire, y eso tu cuerpo lo agradece.

Es importante tomar en cuenta que la mayoría de las plantas detienen la fotosíntesis durante la noche y liberan dióxido de carbono, sin embargo, especies como las orquídeas y las suculentas, por el contrario, continúan absorbiendo CO2 y liberando O2.

TB-plants2. Ayudan a evitar enfermedades

Las plantas en espacios cerrados ayudan a mantener la humedad del ambiente. Según estudios de la Universidad de Agricultura de Noruega, esto trae beneficios al cuerpo, pues ayuda a prevenir la piel seca, gripe, dolor de garganta y tos seca.

3. Limpian el aire

Investigaciones de la NASA han demostrado que las plantas tienen un papel muy importante en cuanto al mejoramiento de la calidad del aire. Las hojas y raíces de éstas sirven como receptores que atrapan vapores tóxicos en el ambiente.

4. Aceleran el proceso de curación

Un estudio conducido en la Universidad de Kansas arrojó resultados que indican que ver plantas después de una cirugía acelera el proceso de recuperación de manera significativa en cuanto a la respuesta psicológica y emocional, lo que tiene como consecuencias una rápida regulación de la presión sanguínea y menor dolor, estrés y ansiedad.

5. Ayudan a trabajar mejor

Está comprobado que estudiar o trabajar en un espacio con plantas incrementa la concentración, la memoria y, por supuesto, la productividad hasta en un 20%, señala un estudio de la Universidad de Michigan.

 

 

Victory Gardens

Por Inés Saavedra

Durante la segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, impulsado por la primera dama Eleanor Roosevelt bajo un espíritu nacionalista y patriótico, fue un fuerte promotor de la agricultura urbana animando a sus habitantes a sembrar  los “Victory Gardens” o “huertos de la victoria”,  jardines y patios convertidos en huertos que permitirían el consumo de alimentos frescos a sus pobladores. Durante este periodo se sembraron alrededor de 20 millones de huertos caseros.

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Huertos urbanos: números sostenibles alrededor del mundo

Por Inés Saavedra

Algunos número para entender un poco sobre la agricultura urbana en este planeta.

  • En Belo Horizonte, Brasil, se producen anualmente cerca de 700 toneladas de vegetales, frutas y hortalizas en huertos urbanos (FAO)
  • 300,000 personas se beneficiaron de las 26,500 toneladas de comida producidas dentro de La Habana, Cuba en el 2013 (FAO)
  • En Nueva York existen 700 espacios de producción de alimentos, mientras que sólo hay 263 Starbucks. (NYC ‘s Design Trust for Public Spaces)
  • La agricultura urbana tiene el potencial de generar un empleo cada 100 m2 de tierra cultivada (FAO)
  • En la ciudad de México se tiene registro de alrededor de 1,850 huertos caseros
  • La agricultura en áreas urbanas proporciona comida a cerca de 700 millones de residentes en las ciudades, un cuarto de la población urbana mundial
  • Para el año 2030 cerca del 60% la población de los países en desarrollo vivirá en las ciudades.
Detalle del huerto de la Casita Ecovegana
Detalle del huerto de la Casita Ecovegana

Ciudades comestibles

Reflexiones sobre los huertos del mundo

Por Inés M. Saavedra

En las grandes ciudades hay cada vez más personas que buscan una economía alimentaria más simple. Sembrar en estas metrópolis es una manera de recuperar la autonomía, pero sobre todo, una herramienta de transformación social.

Hay que tocar la tierra para reconectar con la vida y con la realidad, en un tiempo en el que todo sucede de manera virtual, establecer un vínculo con la naturaleza es sin duda una de las acciones más radicales y subversivas para enfrentar a la modernidad.

La agricultura urbana nace como respuesta a los problemas alimentarios actuales, una acción que reitera el compromiso con el ambiente, la justicia social y la buena comida.

Una alternativa que busca soluciones a varios problemas: la desigualdad alimentaria que existe entre individuos, economías y ecosistemas.

La agricultura nació y permitió la construcción de ciudades. Ahora, la dirección es contraria, es tiempo de que las ciudades permitan el desarrollo de la agricultura. Y, aunque es cierto que la producción de alimentos en las ciudades no sería suficiente para abastecer a sus habitantes, el objetivo no es dar de comer a todos, detrás de está acción de siembra urbana hay muchos más ideales involucrados: sensibilizar a la gente sobre los ciclos de vida, reducir la huella de carbono en la transportación de ciertos alimentos, transformar comunidades, concientizar sobre la soberanía alimentaria y expresar una opinión sobre un estilo de vida.

La urbanización ha dejado en el olvido la importancia de conservar una tierra fértil para el cultivo de frutas y vegetales. La sobrepoblación de las ciudades trajo consigo un cambio de intereses. La modernidad ofreció comodidades como los supermercados que desconectaron a sus habitantes de los ciclos agrícolas, hoy en día, la comida se adquiere en los supermercados, vive en el refrigerador, se lee en las revistas, sale en la televisión y se comparte en las redes sociales. La desconexión que tenemos con los ciclos de producción es abismal. Tocar la tierra, en cambio, es un ejercicio de sensibilización, terapéutico y casi contemplativo que nos acerca al planeta que habitamos. De eso se trata la agricultura urbana: de romper paradigmas y hacer que las semillas y las ideas crezcan.

Los huertos, en un contexto de asfalto, reducen el costo ambiental de las ciudades: disminuyen las distancias de transportación de frutas y verduras al tiempo que la basura orgánica se reutiliza en compostas para los mismos. Además, generan una oferta de alimentos sanos, optimizan el uso del agua, el reciclaje y la reutilización de residuos. Otras de las ventajas que ofrece el cultivo en núcleos urbanos serían reducir el uso de agroquímicos, y la oportunidad de cultivar insumos poco usuales, promoviendo así el rescate de la biodiversidad alimentaria de cada zona.

Alrededor del planeta

La agricultura urbana ha florecido simultáneamente en muchas ciudades del mundo, cada ciudad ofrece un contexto distinto que detona el fenómeno de la agricultura urbana, como dice Alice Waters: “La gente de África no ha llegado a esto por el sabor y la belleza como yo lo hice, sino por las ideas de hambre y necesidad. Pero todos llegamos al mismo lugar. Hay que alimentar a todos en este planeta.” Es así que ciudades como Sao Paulo, Tokio o Kinshasa han llegado a la misma conclusión: los huertos en las grandes metrópolis son una herramienta que aumenta la seguridad alimentaria.

Ciudades como Nueva York o San Francisco siempre han expresado el sentir de sus habitantes de manera creativa, los huertos urbanos en Berkeley son parte de la cultura ambiental y alimentaria desde hace décadas, mientras que en Nueva York esta tendencia es más reciente, hoy en día Brooklyn cuenta con muchas azoteas verdes, granjas de abejas y gallinas, mientras que en Manhattan, como parte de las protestas de Occupy Wall Street, hay un huerto sembrado en pleno distrito financiero, un punto de vista radical para responder a los problemas sociales.

Otro caso interesante es el caso de Hong Kong, la densidad de población de esta localidad es tan alta que la gran mayoría de los alimentos que consumen son importados de muchas partes del mundo, esto ha dado origen a un movimiento de agricultores urbanos que cultivan alimentos en las afueras del núcleo citadino para consumo y comercialización en los mercados locales.

La ciudad de México también alberga importantes proyectos de agricultura urbana, tal es el caso del Huerto Tlatelolco de Cultiva Ciudad, que ofrece talleres a sus visitantes, resguarda una amplia diversidad de especies y construye un banco de semillas.

En el corazón de Europa, Berlín también ha levantado una serie de jardines en terrenos ocupados en pleno centro de la capital. Jardines como el Prinzessinnengarten son parcelas adoptadas y sembradas por habitantes de la ciudad, un espacio para compartir la tierra, la comida y el tiempo.

El caso del Congo es distinto, en este lugar, los huertos urbanos buscan promover la seguridad alimentaria animando a los pobladores a cultivar sus propios alimentos. El caso de Cuba surge de una crisis de abasto de diversidad de alimentos.

Toda una revolución de pensamiento y acción

Los huertos urbanos, el impulso a la producción local y la consciencia acerca de la importancia de los ciclos agrícolas son tan solo una parte de todo un movimiento de responsabilidad alimentaria que integra el consumo local, de temporada, y el comercio justo, entre otros. Comer es una necesidad básica, pero las decisiones que tomamos al hacerlo expresan una manera de convivir con el ecosistema. La responsabilidad alimentaria implica una toma de decisión basada en factores sociales y ambientales que van íntimamente ligados a los derechos humanos, el medio ambiente, la salud y el respeto a la calidad de vida de las especies que consumimos.

Ahora hay que llenar los camellones, parques, banquetas, balcones, ventanas, azoteas y jardines de hortalizas para que la ciudad sea comestible.

@pixabay.es
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¿Las plantas sienten?

Por Inés Saavedra

La ciencia dice que las plantas también sienten, pero no sufren.  Son seres vivientes y sensibles pero no sienten dolor. Desde hace tiempo se sabe que las plantas reaccionan a estímulos externos y responden a lo que Heidi Appel llama “vibraciones ecológicamente relevantes”.  Sin embargo las plantas no sufren, pues no tienen sistema nervioso central ni la conciencia que tienen los animales y por lo tanto no experimentan tristeza, dolor o miedo.