La empatía es para todos los seres sintientes

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Por Analhi Aguirre

La palabra empatía viene del griego y significa emocionado/a. Se refiere principalmente a la capacidad de identificarse con los sentimientos de otro ser. Ponerse en el lugar de los demás es una acción que tiene que ver con compartir la alegría o el dolor, un vínculo creado por la compasión, además del respeto.

Hay actividades que muchas veces pasan desapercibidas, parecen no merecer una reflexión y no son tenidas en cuenta. La pesca es una de ellas. Es impensable el placer de apropiarse de animales en libertad en cualquier medio de la naturaleza. Los ríos, mares, lagos o lagunas están llenos de vida de todo tipo, y estaría un poco de más decirlo, si no fuera por la cantidad de gente que pesca mientras experimenta un enorme orgullo, entretenimiento y hasta regodeo al ver cómo un pez cae en la trampa mortal de un anzuelo. Ni hablar de la cantidad de peces capturados por una red o pulpos, cangrejos, etc. Pareciera que esta clase de animales acuáticos no sienten nada o, lo que es peor, sienten, pero no importa. Según el biólogo, Michael Fine los peces emiten voces de dolor, terror y agresión que, si son apresados y luego devueltos, tienen menos resistencia y regresan más débiles para enfrentar su medio ambiente.

Y lo mismo sucede con los acuarios en las casas o tiendas. ¿Qué sentido tiene esta inútil y errónea idea de posesión? Siempre me sorprendo de que los libros para niños estén plagados de peceras. ¿Para qué enseñarles a conservar recipientes que no logran otra cosa que apagar la independencia animal? ¿Acaso se trata de una empatía inversa? ¿O es una catarsis de prejuicios, miedos y otras cuestiones del inconsciente?

Como sea, divertirse, pasar el tiempo y/o satisfacerse con la muerte de los animales se aleja absolutamente de una convivencia pacífica en el planeta. Tal vez, la supervivencia sea una gran explicación, pero, creo, que a esta altura de la civilización ya estamos comprendiendo, sintiendo otro tipo de empatía que tiene que ver con sentirnos, justamente así, como decían los griegos, emocionados, conmovidos, felices con el bienestar de los seres sintientes que nos rodean.

"Me niego a digerir la agonía." —Marguerite Yourcenar

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